lunes, 23 de agosto de 2010

Felicidad vigilada



Abimael Guzmán Reynoso, anciano de 75 años, de piel blanca, canoso y con un rostro acabado, esperaba a su comprometida con su terno impecable. Elena Iparraguirre, de 62 años, jorobada y con unos pesos de más, llegó al Centro de Base Naval del Callao. Ellos se conocieron en el grupo subversivo Sendero Luminoso en la década de los noventas, y luego de llevar 20 años de relación amorosa decidieron casarse de forma civil.

Al llegar, la comprometida le dijo: “perdóname por la demora”. “Lo importante es que llegaste”, le respondió el novio. Iparraguirre había sido trasladada desde el Penal de Mujeres de Chorrillos. Eran minutos antes de las nueve y se inició la boda. La ceremonia duró apenas 15 minutos. Los testigos de la boda fueron los familiares de la contrayente y autoridades del Consejo Provincial de Chorrillos.

Guzmán e Iparraguirre habían sido capturados en septiembre de 1992 y condenados a cadena perpetua por haber liderado la lucha armada de Sendero Luminoso que dejó casi 70.000 muertos en el país. Finalizada la ceremonia, los recién casados "departieron un momento" con los testigos y luego Iparraguirre fue trasladada a su centro de reclusión y Guzmán, a su celda.

miércoles, 18 de agosto de 2010

-aún no terminado-



Cuando Lori Berenson se ubicaba en la embajada de Estados Unidos haciendo trámites consulares, recibió la peor llamada del año. Al contestar le dirían: “amor, te van a capturar de nuevo. Es la sentencia pronunciada hoy por la Sala Penal Nacional”. Su esposo Aníbal Apari, quien a la vez es su abogado le informaba apenado. La norteamericana de 40 años, quien se encontraba con su hijo estalló de llanto. “¿Por qué a mí?”.

A mediados de las cuatro de la tarde, la ex-terrorista llegó en compañía de fuertes medios de seguridad, a la carceleta del Palacio de Justicia. Fuentes del INPE señalaron que en esta semana se definirá en qué penal será recluida la norteamericana.

Lori Berenson, hija de dos influyentes catedráticos de Nueva York, fue capturada a fines de 1995 en una casa de Lima en la que se escondía una decena de emerretistas que preparaban una toma del Congreso.

El 26 de mayo de éste año, Berenson había salido del penal de Santa Mónica, al recibir una libertad condicional.

Parece que estamos llegando al final de una historia sin fin.

lunes, 16 de agosto de 2010

Adiós a un espejo del cine



El cine fue y seguirá siendo su pasión. El recordado director peruano Armando Robles Godoy ha fallecido y el público sigue buscando sus obras en las calles. Pues sus películas en la actualidad son leyendas del cine peruano.

El trabajo propiamente cinematográfico de Armando Robles Godoy lo integran seis largometrajes, y más de una veintena de cortos. Fue a mediados de los años ’60 con “Ganarás el pan”, que la obra más conocida del controvertido director se inicia, para paulatinamente abrir una franja poco explorada hasta ese momento en la cinematografía peruana.

Con las películas de Robles Godoy se abre el primer intento claro de un cine que puede ser considerado como de vanguardia, con respecto a los grandes movimientos nacionales que sucedían en diversas partes del mundo. Años después, se puede ver con algo más de claridad lo que rodeó a esas obras, de carácter enigmático y barroco. A veces afortunadas, otras no.
Damos un sucinto repaso por ellas, con excepción de su ópera prima, difícil de encontrar actualmente:

En la selva no hay estrellas (1967): Godoy opta por convertir un cuento en el material de su segundo largometraje y el resultado, revela a un director interesante. A pesar de las obvias limitaciones técnicas, ésta es la película más cercana a la estructura clásica que llegó a realizar. Dentro de esa historia sobre el recorrido tanto mental como físico que realiza un hombre (interpretado por Ignacio Quiroz) y su botín deseado por un rincón perdido de la selva, se deja ver el interés de Robles por dar cuenta de su particular percepción de la realidad de su país, transfigurada por las lecciones obtenidas de Gurdjieff, y devenidas en una sucesión de imágenes que evocan el orden perdido del mundo, que restablecido en la moraleja final. Más que ser una curiosidad, trata de una prometedora película.

La muralla verde (1970): Una de las películas más interesantes que se han hecho en Perú. El paisaje amazónico se constituye en el escenario central. A partir de sus remembranzas de la época en que se mudó con su familia en calidad de colono, Godoy crea una película sembrada de sugerencias visuales y sonoras, trabaja los tiempos muertos y se luce en algunas resoluciones fílmicas sorprendentes. Pero en el pasivo, se ve esa tendencia por buscar el efecto poetizante, que iría deviniendo en artificio y redundancias en la medida que su cine se fue volviendo más hermético.

Espejismo (1972): La película más lograda del director en técnica. Acá se introduce en una estructura rupturista, poco complaciente para quien espera que le cuenten una historia. En un pueblo iqueño donde quedan algunos vestigios de lo que fue una gran plantación de uvas propiedad de una familia. Robles asienta sus procedimientos preferidos: elipsis temporales, flashbacks, imaginería impactante, ecos de Resnais, Sjoberg, etc. Pero lo que llegaba a funcionar de forma tan peculiar en La muralla verde, solo encuentra vagos ecos de sus logros. Algunas escenas tiene atractivos pero de forma suelta, desperdigada, antes que el todo borroso y lleno de misterio que pretende desde la figura misma del leitmotiv visual de la película: la imágen del hombre que corre en alguna parte del desierto perdido en el tiempo.

Sonata soledad (1987): Iniciada como idea para el taller que desarrollaba en ese tiempo, este reencuentro de Robles con el largo después de varios años, solo se llegó a estrenar en la sala de la Filmoteca de Lima, quince años después de Espejismo. Y todo ese tiempo realmente no pasó por gusto, ya que acá Robles radicaliza mucho más sus procedimientos e intereses expresivos, aunque casi siempre rozando la extravagancia y la nulidad. Compuesta por tres partes, que hacen las veces de pretendidas piezas musicales, Sonata soledad muestra a Godoy dando incierta cuenta de los fantasmas de su vida y trayectoria, tanto en la niñez, como en sus relaciones afectivas, o en sus trances con el cine.

Imposible amor (2003): El último “opus” del veterano cineasta, terminado en el 2000, pero su estreno se postergó tres años, para solo ser de forma restringida en el Festival de Lima. Y para ser una película que se pretende testamentaria, es infame. Más aún considerando el creciente culto que se ha desarrollando alrededor de su figura en este siglo, y con la revolución tecnológica, a la que en cierta medida se le agradeció la posibilidad de este capítulo final.

Como en casi todas las obras de Robles Godoy, si algo pervive es el carácter controvertido, imprevisible, ese que de alguna forma generó una escuela, una que todavía está por descubrirse en todas sus facetas.

Antes de su muerte, le consultamos sobre la dificultad de conseguir sus películas. En la que nos contestó entre risas que ya se ha pirateado su última obra y que él mismo lo compró a cuatro soles en la calle.

Nos quedamos con ésta imagen. Armando Robles Godoy, que descanse en paz.

Un deportista de vacas

En las mañanas acudo al gimnasio del AELU para mantener el físico y además los fines de semana suelo jugar fulbito con mis amigos de colegio. Sin embargo, en mis vacaciones no pude “pichangear” como pensaba hacerlo, pues tuvimos visitas del extranjero.

Recibimos a una tía y a dos primos que vinieron de Estados Unidos luego de cinco años. Además, de Japón llegó otra tía con sus dos hijos y por ello tuve varias reuniones familiares. Salí mucho con mis primos y amigos. Fuimos al bowling, al Parque de las leyendas, a Chacra Cerro, al restaurante “Oceánika” a comer buffet de comida japonesa, al Karaoke, a un paseo de reconocimiento por el centro de Lima y a un restaurante campestre de Cieneguilla. Estuve a gusto con mis vacaciones, aunque me hubiera gustado tener una semana más de descanso porque no tuve tiempo para la lectura.

En mi casa traen El Comercio y el diario Depor todos los días. Aunque por cuestión de gusto y de tiempo, leo más el diario deportivo. Y cuando no pude leer el diario durante la tarde, espero los noticieros televisivos de la noche.
Lo que más veo en la televisión es el programa deportivo que conduce Alberto Beingolea y Daniel Peredo. “Partido aparte”, que se transmite de lunes a viernes a las diez de la noche en canal tres. Sin embargo, cuando tengo mucho sueño, me voy a dormir a la mitad del programa y así me entero de las cosas en la mañana del siquiente día.

Los días que tengo clases temprano, escucho las noticias RPP junto a mi papá.
La última película que vi fue “Los Coristas”, que es del año 2005. Lo vi hace dos meses, en DVD pirata que conseguimos en el mercado Jesús María.
En lo que va del año he leído “Los 500 datos más caletas de los mundiales” de Daniel Peredo, “Abril Rojo” de Santiago Roncagliolo. También leí “Bueno, bonito y barato III” de Rolando Arellano. En vacaciones de verano leí Las aventuras de “Sherlock Holmes”.

El spot que más me ha impactado es la de Movistar. Que se llama: “conectados podemos más”. Y trata de un comercial en la cual, los personajes se ayudan entre sí, por una fuerza sobrenatural (las imágenes se cortan y se juntan). Acompañado de una locución y música dramática y en la que destaca los elementos representativos del Perú.

Mi casa queda en el distrito de Jesús María. Por el mercado, a la vuelta de la iglesia San José. No me mudaría a ninguna parte porque me siento cómodo en mi hogar.
Estudio Ciencia de la Comunicación porque siempre he querido ser un gran periodista. Y para ello, asisto con mucho gusto y motivación a mis clases.