lunes, 15 de noviembre de 2010

Así es el dueño del Facebook




Más ganancias para “el Face”

-“Vivimos en una era donde la privacidad ya no existe”, dijo enfatizando la importancia de su nueva creación.

El joven Mark Zuckerberg se reía viendo la película “Redes sociales” en su departamento de Nueva York. Pues, el film dirigida por David Fincher que relata la creación de la red social más importante del mundo que es el Facebook, lo mostraba totalmente diferente de lo que es. En la película era un nerd, tímido y con pocos amigos.

La creación del Facebook se hizo posible gracias al apoyo que tuvo Zuckerberg de parte de sus compañeros de Harvard y el coordinador de Ciencias de la computación. Fue en el año 2004 y Zuckerberg abandonó los estudios universitarios para concentrarse mejor con los ordenadores y las programaciones virtuales.

El Facebook era una especie de comunidad virtual tipo Myspace y tenía como principal tarea ser un punto de encuentro de todos los ex-alumnos de Harvard, pero su destino se iría ampliando con el tiempo. La popularidad que adquirió en tan solo dos semanas llevó a Mark a pensar en expandir la web a otras universidades y lo realizó con éxito.

En cuestiones de horas el Facebook tuvo un incremento a nivel mundial y hoy el joven emprendedor cuenta con una fortuna de 7.000 millones de dólares. Convirtiéndose en el personaje más joven en aparecer en la revista Forbes, en la cual se nombran a las personas más ricas del mundo.

Ahora último acaba de lanzar servicio de correo electrónico, y en la cual será compatible con su inventado Facebook y demás competencias.

-"El correo no necesita nuevas funciones, necesita menos ", y esta será la filosofía del servicio.

Según Zuckerberg, no será un sistema que "asesine" las ofertas ya existentes.

-"Que nadie cierre su Yahoo!, Hotmail o GMail" contó con seguridad.

Estamos frente a un nuevo soporte exitoso de Zuckerberg. La masificación de su fortuna se verá en transcurso de poco tiempo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Guerra humana



Lo siguiente es una descripción de cinco escenas de la película: El cazador de Michael Cimino.

Los personajes son un grupo de jóvenes mineros norteamericanos que se van a Vietnam por una guerra innecesaria. El día anterior se va a casar uno. Los demás están en un bar, tomando y viendo la televisión. La madre de la novia no quiere que se case. Las invitadas van con regalos por el matrimonio. El papá de la novia es un loco y le mete puñetazos y encima la insulta.

Los jóvenes siguen en el bar, en un ambiente casi oscuro con poca iluminación. Los cinco chicos empiezan a emborracharse. Uno de ellos comienza a tocar piano. El más gordo está tirado de panza encima de la mesa de billar. La melodía de la música hace que los cinco se queden callados, con lágrimas en sus ojos.

El contexto se pasa a Vietnam. Hay disparos de cañones a las aldeas desde los helicópteros. Se ven a los muchachos uno encima del otro con trajes de guerra. Mucha gente muerta. Muchos soldados heridos. Hay una mamá sangrienta cargando a su hijo pidiendo auxilio pero la disparan con una metralleta. A otro hombre lo queman. Más soldados bajan del helicóptero para ocupar la zona. Los chanchos quedaron en libertad.

Han quedado presos el grupo de los norteamericanos. Algunos soldados están en una jaula que queda en el rio. Los muchachos han sido capturados por los vietnamitas. Están en una casa que se encuentra encima de un rio. Están aplicando la dinamita rusa. Steve (el que se había casado), se encuentra debajo del cuarto donde se está realizando y empieza a gritar por el temor. Su amigo lo trata de tranquilizar. Los soldados siguen estando obligados a dispararse. Uno se dispara y todos los vietnamitas se ríen.

Bajo la lluvia se ven a norteamericanos muertos encima del rio. Los vietnamitas están lanzándolos desde la casa. Ahora es el turno de la ruleta rusa de Steve y su amigo (Mike). Steve está con terror, Mike le pide que lo haga. Y Steve se apunta, y se disparó. Los vietnamitas selo llevaron y lo meten a una especie de jaula que está debajo del rio. Quedan dos últimos. Los suben para que jueguen a la ruleta. Pero antes de subir uno planea una cosa. El otro pide que quiere jugarlo con tres balas. Se dispara y no era. Ahora le toca al otro (Nicky). Se dispara y no pasa nada. Es el turno del otro. A sabiendas que quedan tres disparos, los vietnamitas se ríen. Pero empieza a dispararlos (ya que tiene tres balas). Y así logran salvarse los dos.

Pesadillas del pasado



La noche del día anterior de su muerte, Emilio Eduardo Massera, de 84 años, el hombre que convirtió a la Armada argentina en sinónimo de espanto y que animó a muchos de sus oficiales a transformarse en torturadores, secuestradores y asesinos, soñaba pesadillas en el Hospital Naval de Buenos Aires. Víctima de un derrame cerebral, Massera, integrante de las Juntas militares que gobernaron el país entre 1976 y 1983, sufrió en 2002 un aneurisma vascular que derivó en un deterioro "crónico e irreversible" y terminó sus días demente e incapaz.

Massera fue, entre todos los militares que protagonizaron el golpe de Estado de marzo de 1976 y el terrible "Proceso de Reorganización Nacional", el que más aspiraciones políticas alimentó. De hecho, pretendió incluso presentarse como candidato a la presidencia de la nación, recién acabada la dictadura militar.

Su "carrera" y su increíble egolatría fueron cortadas de cuajo, primero por la acusación de haber tirado al mar, desde su yate oficial, al marido de una de sus amantes y luego, por la famosa causa judicial "Nunca Más" abierta por el Gobierno democrático de Raúl Alfonsín, que terminó, en 1985, con la condena a cadena perpetua de los principales responsables de la dictadura militar. El llamado "Proceso" supuso la muerte y desaparición de unos 30.000 argentinos, según los cálculos de los organismos de defensa de los derechos humanos.

Massera no pasó todos estos años en la cárcel, como ordenó aquel tribunal, sino que salió en libertad poco después, en 1990, gracias al indulto concedido por el presidente peronista Carlos Menem. En 1998 los jueces volvieron a imputarle por el delito de robo y secuestro de niños (hijos de mujeres desaparecidas tras pasar por instalaciones militares de la Armada) y en 2007, con el gobierno de Néstor Kirchner, la Corte Suprema declaró "inconstitucionales" los indultos de Menem y las leyes de Obediencia Debida y ordenó reabrir todos los casos de asesinatos ocurridos durante la dictadura. Para entonces, sin embargo, Massera ya estaba lo suficientemente enfermo y loco como para ser declarado "incapaz".

El marino que legó a la Historia de la infamia las siglas de la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Armada) como sinónimo de horror, obtuvo el grado de almirante de manos de Juan Domingo Perón en 1974, con 49 años de edad, quizás el más joven de la Historia argentina. De buena presencia, muy mujeriego (lo que no impedía su imagen de católico fervoroso ni sus excelentes relaciones con la jerarquía de la Iglesia) Massera acababa de cumplir 51 años cuando, junto con el general Jorge Rafael Videla, y el jefe de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, formó el primer triunvirato militar que dio el golpe de Estado y derribó el ya tambaleante Gobierno de Isabel Perón. Los tres oficiales decidieron repartirse el poder por tercios, una para cada arma, y se lanzaron a una represión feroz, primero contra los "subversivos", integrantes de los Montoneros y otros grupos armados de izquierda; "después contra los cómplices; luego, contra sus simpatizantes; y, por último, contra los indiferentes y a los tibios", según explicó otro almirante de su misma ralea, Alfredo Oscar Saint-Jean.

Según palabras del periodista Horacio Verbitsky, que dirige hoy el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el almirante Massera se caracterizó por "su impostación operística, su debilidad por las actrices más jóvenes y por las metáforas más arcaicas, bíblicas, dentro de lo posible". Fue el menos gris de los integrantes de las Juntas militares, pero no porque fuera más brillante o inteligente o menos cruel, sino porque disfrutaba con su papel público y exhibía encantado su poder. Conspiró contra sus compañeros militares, pero no para limitar la sangrienta locura en la que se habían implicado, sino para reclamar mayor parte del botín y de la "gloria".

Es difícil describir las torturas, vejaciones y horrores que se cometieron en los centros clandestinos de detención que controló el almirante Emilio Massera. El informe elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que creó el presidente Alfonsín y que presidió el escritor Ernesto Sábato, recogió detalladamente la manera sistemática, organizada y disciplinada en la que se torturó y asesinó. La causa por los secuestros, quebrantos y asesinatos cometidos en el amplio grupo de edificios de la ESMA, a la salida de Buenos Aires, se está llevando a cabo actualmente en el Tribunal Federal número cinco, con 19 imputados. El tribunal tomó declaración precisamente ayer al cardenal Jorge Bergoglio, en relación con la desaparición de dos sacerdotes, "chupados" por un grupo de operaciones de la Armada.

Emilio Massera no va poder descansar en paz. Todos los que murieron en los Centros Clandestinos de detención irán a buscarlo por la venganza. Lo han estado esperando cerca de 30 años.